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Enrique Meléndez: Vamos bien

 

En la expresión vamos bien está condensado el trayecto trágico, que hemos tenido a lo largo de estos veinte años de régimen castro-comunista; puesto que se trata de una especie de voz de esperanza. Es como decir: al fin se asoma el final del túnel; tomando en cuenta que, al menos, hay dos gobiernos, que cada día se demuestra que ninguno puede más que el otro. Incluso, el hecho mismo de que Nicolás Maduro haya revelado que Arreaza se ha reunido con Eliott Abrams, el funcionario estadounidense, a quien Donald Trump ha designado, para que se ocupe del asunto de Venezuela demuestra que éste ha tenido que ceder ante las circunstancias. Es una especie de: tengan calma, que ya me voy. Puesto que, por lo demás, sería muy penoso verlo tener el mismo destino de Saddam Hussein o Mahammad Gadafi; cuando no el Manuel Noriega.

En lo particular pienso que Maduro no es ese tipo de sujeto temerario; aunque más de uno asegura que, al menos, es mucho más que Chávez. Este ya hubiera terminado negociando hace ya un cierto tiempo o se hubiera permitido llegar a las elecciones presidenciales; que se hubieran convocado con 180 días de anticipación a la fecha del vencimiento de su período administrativo; de acuerdo a la Constitución; cuyo proceso correspondía, más o menos, en diciembre de 2018; precisamente, la fecha en que se realizaron las elecciones presidenciales. Porque, por lo demás, ese proceso que convocó para el 20 de mayo, lo que hizo fue generarle un rechazo en el mundo entero; excepto en los países, que tienen intereses en nuestra nación. Puesto que demostraba que se trataba de un presidente que no respetaba para nada la Constitución y las leyes de su país.

Resultaba demasiado truculento realizar unos comicios con casi siete meses de anticipación a la fecha de vencimiento de su período presidencial, y con apenas dos meses para la campaña electoral de cada candidato. De lejos se le veían las costuras; de que lo que quería era salirle al paso a la jugada; puesto que en las condiciones, que establecía la Constitución y las leyes perdía, y esto fue lo que el mundo entero no le aprobó. Sobre todo, porque se corroboraba la denuncia, acerca de que por detrás de él, no una mafia, que sería la del narcotráfico; como ocurrió en el caso de Manuel Noriega, sino la de Cuba, la del ELN y el Hezbolá. Una denuncia a la cual él mismo se ha referido, argumentado cosas que no son o manejando medias verdades a la hora de desmentir este asunto; como el que saca a relucir una cosa en público sin titubeos; para que se vea que él no tiene nada que ver con el hecho. El problema es que estamos en la era de la globalización, en lo que Mcluhan consideró como la “aldea global”, y donde todo se sabe: pueblo chiquito, infierno grande, y así que está pillado por todas partes. Comenzando por la situación de sus sobrinos políticos; presos en los EEUU, condenados a varios años de prisión, y donde uno se pregunta: ¿estaba al tanto él de la actividad ilícita de estos jóvenes, ligados al narcotráfico?

La propia representante de EEUU en la ONU calificó a Venezuela de ser un narco Estado. Asimismo a Maduro lo condena el hecho de que se han detectado una veintena de pasaportes venezolanos en manos de personas, que no hablan ni una palabra en español, y que son sospechosas de pertenecer a células terroristas islámicas. Es decir, a Maduro no se le repudia por estar recomendando rezar el rosario en familia; sino por atenuantes muy graves.

Entre las medias verdades, que maneja está la circunstancia de que dice que él tiene buenas relaciones con la Fuerzas Armadas Revolucionarias Colombianas (FARC), y que está en su derecho, porque este movimiento derivó en un partido político, y la verdad es que lo que denuncian los dirigentes de la oposición del estado Bolívar, es que quien está a cargo de la custodia de las minas del Arco Minero; una actividad, es decir, la explotación de estas minas, por lo demás, que fue considerada ilegal por la Asamblea Nacional es el ELN; que es el componente de las guerrillas del hermano país, precisamente, que no se quiso acoger al proceso de pacificación, que les han ofrecido los gobiernos que se han sucedido en ese Estado a estos grupos irregulares. El propio gobierno de Iván Duque lo ha hecho ver, públicamente, que en Venezuela se encuentran refugiados varios jefes de esta guerrilla.

Aparte de no hay ningún logro en materia gubernamental, que pueda generar la envidia de otros, por parte de Maduro, y que merezca el menosprecio internacional. Son cuatro millones de venezolanos los que se han dispersado por el mundo entero; una migración que se le compara con la siria de hace unos años y quienes huyen del hambre y de la falta de medicinas; sobre todo, de la falta de libertad. Puesto que estamos en una tiranía, que le ha cercenado todos los derechos al ciudadano; empezando, precisamente, por el derecho a elegir. ¿Cuántas caídas hemos tenido desde aquel 2004; cuando intentamos sacar a Chávez por la vía de un referéndum revocatorio, y éste se valió de las mil y una triquiñuelas, para salir victorioso del mismo? Esta expresión “vamos bien” viene a ser un respiro por el reconocimiento de que también hemos sido erráticos en este largo transitar. No ha sido fácil. Primero, en un país cuya población no tenía la suficiente madurez política; como para racionalizar el veneno que le han sembrado en su conciencia el laboratorio de guerra sucia del régimen, y que nosotros en nuestras conversaciones privadas conocemos como G-2 cubano. Segundo, habiendo sido penetrados, no por una fuerza armada, sino por la inteligencia policial de Cuba, sobre todo, pero cuya tutora es Rusia, y que ha venido a ser el soporte exitoso del régimen. He allí la larga luchas que hemos tenido que librar.

melendezo.enrique@gmail.com

 

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