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León Moraria: La gran mentira

Durante los veinte años de gobierno chavista se ha dicho que el imperialismo anglosajón (estadounidense/británico) quiere apoderarse de las riquezas naturales de Venezuela. Declaración que se repite sin ton ni son por cuanto carece de fundamento. En la práctica constituye la gran mentira con la que el chavismo pretende concitar sentimientos de patria y soberanía, para mantenerse en el gobierno ¡No! para hacer lo que es dable hacer con el poder, sino, para continuar la labor destructiva de la nación realizada durante veinte años.

Es falso que el imperialismo busca derribar el gobierno chavista para apoderarse de las riquezas naturales de nuestro país. Constituye la gran mentira, por cuanto durante cien años de explotación petrolera, y con todos los gobiernos, esa riqueza extraída del subsuelo, ha fluido hacia los Estados Unidos sin necesidad de invasiones militares y por medios establecidos en la legislación del país.

De allá vino la tecnología para la exploración, explotación, extracción, refinación y mercado que hizo de Venezuela, por varios años, primer exportador mundial de hidrocarburos, hasta ser desplazada por la producción de los países petroleros del Medio Oriente (Arabia Saudita, Irak, Irán). Hacia Estados Unidos ha ido cada barril extraído del subsuelo, sin que el flujo cesara por la llegada de Chávez y su discurso antiimperialista de pacotilla, por cuanto siempre su mayor añoranza, ser recibido en la Casa Blanca con los honores que les tributan a los jefes de Estado. Esa nostalgia quedó de manifiesto cuando en una reunión de presidentes (Quebec), le estrechó la mano a Clinton ¡Que emoción! El arañero de Sabaneta, estrechándole la mano al catire Clinton ¡Qué orgasmo! Esa nostalgia perduró y le brindó un segundo orgasmo, cuando, en otra reunión de presidentes (Barbados), le estrechó la mano al negro Obama y le ratifico su admiración con el obsequio de un libro.

Ni un solo día, de estos últimos veinte años, el petróleo ha dejado de fluir hacia Estados Unidos, aun cuando Chávez desgargantara su histrionismo oratorio antiimperialista, carente de fundamento y de la más elemental lógica comercial. Si Estados Unidos es el mayor consumidor de energía fósil (carbón, petróleo), de apetito insaciable, lo cual unido a la ventaja de la cercanía que privilegia la competividad con productores a escala mundial. ¿Qué sentido tiene inventar mercados ubicados en la antípoda de Venezuela si el mayor y mejor mercado está en la acera de enfrente? No importa la cantidad de barriles que se envíe, son recibidos y pagados de contado, lo cual ha constituido el permanente flujo de caja de los gobiernos  en cien años de explotación petrolera.

El envío de petróleo a Estados Unidos durante los veinte años del chavismo, ha sido igual  desde el gobierno de Juan Vicente Gómez y durante los gobiernos del siglo XX. El mecanismo es rutinario: extraer el petróleo del subsuelo con tecnología estadounidense, meterlo en un tanquero y enviarlo al puerto de Pittsburg. Al regreso el tanquero trae el paquete de dólares fruto de la venta. Esa fructífera operación se ha realizado durante cien años sin que nada la detenga. Entonces ¿Cuál es el problema? El que fabrica pasteles, su mayor interés es tener mercado seguro para sus pasteles.

De manera, que el chovinismo de patria y soberanía, del cual hace gala el chavismo, carece de fundamento. Durante cien años, sin necesidad de invasiones militares, el petróleo venezolano ha fluido hacia el mercado de los Estados Unidos. El más desaforado antiimperialista, por allá en los años treinta y cuarenta del siglo pasado, era Rómulo Betancourt, de lo cual dejó constancia en su libro “Venezuela, política y petróleo; además, el antiimperialismo figuraba en el programa político del partido Acción Democrática; pero, luego como presidente, vimos al lobo aullador transformarse en oveja que balaba loas al imperio en el rebaño capitalista. Como en la copla de Manrique “¿Qué fue de tano galán? / ¿Que fue de tanta invención?”. El turismo es la principal industria de Cuba. Fidel Castro, durante 50 años despotricó contra el imperialismo de Estados Unidos, pero, sentía gran satisfacción cada vez que un barco cargado de turistas atracaba en el puerto de La Habana. El enfrentamiento actual de China con Estados Unidos por el aumento de aranceles, es porque China busca conservar intacto el mercado de Estados Unidos. Si todos los países buscan entrar en ese mercado – la Unión Europea –  ¿Por qué el chavismo dice que nos van a invadir  para apoderarse de nuestras riquezas.

La principal industria de Venezuela es el petróleo y el mejor mercado para ese petróleo son los Estados Unidos por la cercanía para la colocación y por el hambre insaciable de hidrocarburos que mantiene. La política de todos los gobiernos venezolanos ha consistido ¡No! en romper ese vínculo comercial, sino, en legislar para obtener los mayores beneficios por la venta del petróleo. Desde el ministro de economía de Gómez, luego con Medina  Angarita, con los gobiernos del Nuevo Ideal Nacional, con los gobiernos adeco/copeyanos, el interés ha consistido en obtener mayores regalías ¡No! en buscar enfrentamientos con el país que ofrece la mayor garantía de colocación del petróleo.

En esa lucha por la defensa de los beneficios que reporta la industria petrolera, destaca la figura eminente del doctor Juan Pablo Pérez Alfonso, al llevarla al campo internacional para unificar en la OPEP a los países productores y desplazar en las decisiones de producción, precio y mercado, a las Siete Hermanas (empresas transnacionales del petóleo). Pérez Alfonso no era experto petrolero, es posible que no distinguiera entre un balancín de extraer petróleo y una bomba de agua. Era experto jurista que estudió las legislaciones petroleras de los países productores y de las empresas transnacionales, lo cual le dio el conocimiento para fijar normas e interponer barreras a los desafueros de las Siete Hermanas. En ese empeño, durante los fructíferos años de su existencia, obtuvo prebendas para el petróleo venezolano y para los países de la OPEP al intervenir con sus políticas de producción y precio en el mercado y en la distribución del petróleo a escala mundial.

Antes de surgir la OPEP, las pérfidas Siete Hermanas dominaban el 90% de la producción mundial de petróleo, imponían cuotas de producción, fijaban precios y derrocaban gobiernos de los países que oponían alguna legislación para obtener mayores beneficios por la venta de su petróleo. Ese monopolio lo quebrantó la OPEP al disponer del 40% de la producción mundial.

La gran mentira del chavismo radica en desear la invasión militar de Venezuela por Estados Unidos con el pretexto de apoderarse de las reservas de petróleo y demás riquezas que se guardan en el subsuelo nacional. Durante cien años, el petróleo y minerales (hierro, aluminio) han ido al mercado de Estados Unidos sin necesidad de invasiones. Es nuestro mercado natural, lo tenemos en la acera de enfrente y no en las antípodas. Mientras un tanquero realiza el viaje de tres meses a China o la India (14 mil Km), posibles mercados sustitutivos, en ese mismo tiempo puede realizar tres o cuatro viajes a Estados Unidos (5 mil kilómetros).

De lo que Maduro y sus militares tienen que estar convencidos, es que el 89% de la población no los acompaña en la aventura guerrerista que pretenden para prolongar su agonía en el poder. Es criminal destruir la infraestructura del país, con una guerra, por el inútil capricho de permanecer en el gobierno, sin ninguna posibilidad de realizar el más sencillo, elemental proyecto de recuperación nacional de la economía. Ya la presión internacional, por las medidas económicas adoptadas, corta todo suministro de oxígeno. Lo mejor es salir en paz y buscar la posibilidad de regreso que les ofrezca el futuro, en atención al“extraordinario aporte de desarrollo” que, según los jerarcas del chavismo, le han hecho al país. Pérez Jiménez no opuso resistencia, se marchó y diez años después obtuvo numerosa elección de diputados perezjimenistas al Congreso. Se constituyó en seguro candidato para la próxima elección presidencial, camino que le fue cerrado por la Enmienda Constitucional. Pérez Jiménez había realizado el mayor desarrollo económico en nuestro país. Insertó el país en la modernidad. Hoy, es considerado como el mejor gobierno de toda nuestra historia republicana.

Ante el apremio de la humanidad por hacer reversible el calentamiento global y el cambio climático, Juan Pablo Pérez Alfonso se erige en abanderado de esa lucha. En los últimos años de su vida abjuró de la formación de la OPEP y de la defensa del petróleo y se convirtió en entusiasta defensor de la naturaleza, el ambiente y sus recursos. Esa decisión la expreso, con el mayor entusiasmo, al acompañar la lucha contra la explotación de la mina de cobre, plomo y cinc ubicada en las inmediaciones de Bailadores. Los villorros estamos en deuda con la erección de una estatua – acordada en Cabildo Abierto – para recordar su altruista participación en la lucha contra la mina. ¿Qué decisión van a tomar nuestros “sabios” gobernantes ante el calentamiento global? ¡Planeta o petróleo!

 

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