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Carlos Guillermo Cárdenas: ¿Está Venezuela ante una crisis humanitaria?

 

La realidad que nos agobia y nos preocupa por igual a todos es inocultable. Venezuela fue degradada a los valores y niveles del subsuelo. El país fue destruido en dos décadas de un socialismo que nadie asimiló ni entendió. No es posible que una nación que se mostraba en franco desarrollo y en vías a un primer mundo, sea menoscabada en el término de unos años. Una luz que alegró a muchos hace 20 años se tornó estrepitosamente incandescente. Con tristeza registramos esta realidad.

Las instituciones han sido mancilladas. La misión de la universidad está en franca mengua. La investigación acaso si sobrevive en poquísimos nichos. El desaliento y la apatía es lo que priva en nuestro personal académico. No hay motivación para el trabajo. No hay incentivo para la superación. Los escasos alumnos que asisten a nuestras clases lo hacen con inmenso sacrificio, sin alimentación suficiente, sin calzado (botas) adecuado, sin trasporte puntual, sin acceso a los libros, en fin, con sufrimiento y dolor.

La alegría y el ímpetu estudiantil han desaparecido de nuestras aulas. El espíritu de lucha con mucha fuerza y presencia en otros tiempos, se ha disipado.

Las cátedras universitarias viven la pobreza que un profesor comentó en el mercado de las frutas y las hortalizas. Lo elemental para la enseñanza y el aprendizaje está ausente. La hoja para la escritura, la tinta para la pluma, el tóner para la fotocopia es una utopía en nuestras unidades académicas. Todo se esfumó en el tiempo de una realidad que se nos aleja a paso agigantado.

El hospital universitario, razón de nuestra vida profesional durante más de cuatro décadas nunca pudo levantarse de la agonía que lo embarga. Se menoscabó sus funciones con un programa, tal vez de esperanza para aquellos sitios donde la medicina no llegaba, Barrio Adentro, que ahora no es ni barrio ni adentro. Los hospitales del país más importantes, aquellos llamados hospitales escuela, se desmoronaron como la galleta de soda, los servicios especializados con más tecnología como cardiología, neurocirugía, traumatología y ortopedia, oncología, para mencionar algunos, están prácticamente imposibilitados para atender la demanda del paciente que toca las puertas en busca de asistencia médica. Los servicios de cardiología de los hospitales públicos están incapacitados para atender una frecuente afección, el infarto agudo de miocardio. El paciente debe adquirir absolutamente todos los insumos y medicamentos para el tratamiento de la afección.

¿Está Venezuela ante una crisis humanitaria?. Si conceptuamos como crisis humanitaria a la situación de emergencia que amenaza a la salud, a la seguridad o al bienestar de una comunidad o grupo de personas de un país o una región, sí estamos ante esa realidad. En relación a la salud del pueblo venezolano, es la mayor emergencia vivida en décadas. Es una situación tan compleja que ha afectado todos los estamentos prestadores de salud del país, tanto públicos como privados. A manera de ejemplo,  en el tratamiento de los pacientes enfermos del corazón, los veinte (20) medicamentos (digital, coumadin o anasmol, nitroglicerina, dinitrato de isosorbide, verapamil, propafenona, amiodarona, estreptoquinasa, xarelto, pradaxa, norepinefrina, carvedilol, bisoprolol, clopidogrel, aspirina infantil, trental, cilostal, amlodipina, losartan y diltiazen), de mayor necesidad, no se disponen en el sistema de farmacias del país o su costo es tan elevado que dista de la posibilidad de adquisición. Las vacunas para el recién nacido, el pre escolar y el niño en edad escolar escasean alarmantemente. Los medicamentos para paciente oncológicos (cáncer) cada día es más difícil su logro. Igual sucede con renglones tan vulnerables como lo psicofármacos y anticonvulsivantes. Sí estamos frente a una crisis humanitaria.

Esta es la realidad que golpea inclementemente al venezolano de estos tiempos. El país debe girar su rumbo 180 grados. Insostenible se ha tornado esta marea de contratiempos y dificultades. Estamos ante un inexorable padecimiento humano. ¡Dios salve a Venezuela!

 

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