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A  Bs. 200 y  Bs. 100 los pasajes en San Cristóbal

 

Amén de que poco les alcanza para el viaje, los pasajeros deben pasar el calvario de la espera por transporte público y el hacinamiento dentro de las unidades. (Foto/Tulia Buriticá)

Movilizarse por San Cristóbal en transporte público ya no se establece bajo una sola tarifa, pues dependiendo de la zona donde viva puede estar cancelando entre 100 y 200 bolívares soberanos… ni qué decir de una ruta suburbana

¿Quién lo establece así? Esa es la pregunta que se hacen los pasajeros a quienes lo que ganan apenas si les alcanza para ir de su casa al trabajo y del trabajo a su casa. Pero respuesta similar tienen los dueños de las busetas, quienes sienten que a esos precios, no tiene sentido seguir rodando en carretera.

Efectivamente la necesidad y la todopoderosa inflación tienen más autoridad que los entes nacionales y municipales que ya ni pierden el tiempo de declarar al respecto, ni de emitir ordenanzas.

Es una tensa negociación entre el sector transporte y la cada vez más amplio sector de la población que depende de este. Una tensa negociación en que el chofer puede apelar al entendimiento del cliente sobre cifras concretas, o sencillamente –de tantas explicaciones dadas- resolver con el consabido: “si no le gusta bájese”.

Ese malestar se refleja en el trato entre ambas partes, donde la amabilidad se ha evaporado, y un tono duro y tiránico intenta poner orden en un vehículo atiborrado, donde la cortesía a los ancianos, a las embarazadas, o a las personas de condiciones especiales se ha extinguido.

Hasta el día lunes por San Cristóbal dos pasajes se estaban imponiendo uno corto de 100 bolívares y uno largo a la parte alta de la ciudad que comprende Pueblo Nuevo y sus alrededores en 200 bolívares, equivalente al más corto suburbano.  Eso sí: solo se reciben billetes de una denominación de 50 bolívares  para arriba, porque si pagas  con  denominación menor se puede armar la sampablera apenas se está subiendo. Es decir a la incomodidad de tener que asegurarse cargar con lo suficiente, se tiene que ajustar al juicio numismático del conductor: este repite como argumento “es que no los reciben” (¿No los reciben quiénes o dónde?, cuando en los bancos y en unos contados establecimientos comerciales sí los permiten, y ninguna Gaceta Oficial ha ordenado sacar billetes en Soberanos  de circulación).

Los “ayudantes” más que un apoyo en la recolecta del pasaje, se han convertido en auténticos “escuderos”, y su actitud agresiva, ya nos advierten que están acostumbrados a cualquier pasajero “respondón”, y que hagan requerimientos de cosas exóticas como el “trato atento y cordial”: ya están entrenados para moverse con agilidad entre la muchedumbre, no dejar escapar el más mínimo bolívar, y tener el monosílabo indicado ante cada pregunta impertinente; especialmente para las que son pronunciadas por personas de la tercera edad, a las que invariablemente siempre les van a responder con el “completo, completo”.

Verdaderamente nadie le agarra el paso a la inflación, y como reza el adagio popular políticamente incorrecto al ciudadano de a pie “le tocó bailar con la más fea”. Pero si al menos tanto agobió al bolsillo se compensara con un buen servicio, no obstante este va de peor a “más peor”, valga el pleonasmo.

El hecho de que ya muchas unidades se hayan retirado del negocio, o prefieran rutas suburbanas más rentables, y de que las pocas tengan que rodar lo menos posible ya que deben sufrir al menos un día en una cola para apertrecharse de combustible. Muchos choferes afirman que están saliendo a prestar el servicio, porque les urge llevar el pan a sus hogares.

Lunes solitario

Este lunes la soledad se apoderó de San Cristóbal. En general muy poca movilidad se vio en las calles.

Algunos sancristobalenses sin embargo no se amedrentaron, y salieron a cumplir con su rutina diaria, e incluso aprovecharon la tranquilidad citadina para hacer tareas, que en otros días resultaban más ajetreadas como sacar un poco de sencillo al banco, que a duras penas si les alcanzará para precisamente pagar pasajes.

Lo que ocurría en el Terminal de Pasajeros era sintomático de lo que ocurría en el resto de la ciudad en la mañana del lunes. Escasos pasajeros y escasas unidades se veían en las instalaciones del puerto terrestre.

Sobre este fenómeno podía haber múltiples interpretaciones, algunas de ellas apuntando precisamente a la poca capacidad adquisitiva de los pasajeros, y especialmente, a la poca disponibilidad de efectivo.

Incluso en las paradas de las busetas hacia San Antonio, Ureña y Rubio no se encontraban tan ajetreadas como en otros días, en los que abundaban las grandes maletas, las carretillas y las historias de emigración, rodeados por una quincalla ambulante que viene ofreciendo desde un cafecito hasta pasajes con destinos internacionales y compra y venta de divisas; sin los atropellos en las colas y los apelotonamientos en la entrada del vehículo que los que se ha puesto en riesgo la integridad física del pasajero y muchos han aprovechado para el “raponeo”.

El valor del pasaje a San Antonio se mantenía en 1.200 bolívares,  para Rubio 600 bolívares, mientras los llamados “piratas” cobran 5 mil pesos. Ya para destinos más lejanos como a Santa Bárbara de Barinas o El Piñal, el valor era de 3.000 bss y 8.000 bss respectivamente.  Para las capitales de otros estados, muy concurridas, tenemos, por ejemplo, que el precio del pasaje en buseta a Barinas está en 7.200 bss, y 12.000 bss a Maracaibo.

La Nación del Táchira / Freddy Omar Durán

 

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