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José Félix Tezanos: ¿El motín del “relator” imaginario?

 

Los analistas internacionales suelen mostrar una mezcla de extrañeza y rechifla sobre algunos acontecimientos un tanto peculiares en la historia de España. Acontecimientos que, no pocas veces, han sido aprovechados para propalar la leyenda negra sobre nuestro país, al que se ha intentado presentar como una tierra especialmente dada a los conflictos y a la violencia, trufada por un conservadurismo rancio y habitada por un pueblo altivo e ingobernable.

Acontecimientos como el motín de los “sargentos de la Granja” o el motín de “Esquilache” son ejemplos que suelen ser utilizados por los que se regodean con tales clichés sobre los españoles, como paradigmas de acontecimientos en los que aparentemente se discutía sobre el tamaño de las capas, o sobre la escasez de los salarios; y cuyo resultado era la puesta en cuestión de los gobiernos y de las propias instituciones del Estado.

Pues bien, cuando casi todos pensábamos que acontecimientos de tal tenor habían quedado relegados al baúl de los peores recuerdos de la historia pasada, de pronto, y de manera inopinada, nos hemos topado con un nuevo conato de motín surrealista que supera – en propósitos, aunque no en alcance (esperemos) – a los mayores sinsentidos de nuestra historia.

Ante la propuesta de que en las conversaciones con los secesionistas catalanes se siente un relator neutral, Pablo Casado y Albert Rivera no solo han elevado el listón de sus críticas –hablando incluso de felonía–, sino que han organizado una manifestación para VOX reclamando “en la calle” y “desde la calle” (como recalcan) la expulsión inmediata de Pedro Sánchez de la Moncloa. El salto instrumental, desde el Parlamento a la calle, con la intención de producir efectos políticos de este tenor, no solo es un salto sumamente peligroso que relega la lógica democrática propia del Estado de Derecho a un papel secundario –quitando importancia decisoria a los escaños que cada cual tenga en el Parlamento–, sino que adquiere un peligroso tufillo de “motín”.

En el fondo, lo que proclaman los líderes del PP y Ciudadanos es que hay que derrocar al gobierno legítimo de Pedro Sánchez con la presión de la calle. No importa cómo. Y todo ello aderezado por una retahíla de insultos impropios de personas educadas y mínimamente respetuosas.

Y todo esto ¿por qué? ¿Porque el Gobierno está dispuesto a aceptar la presencia en conversaciones políticas de un “relator” neutral? ¿Solo por eso? Si tuviéramos que explicar esta situación, y estas reacciones tan airadas y agresivas, a un eventual extraterrestre que, procedente de una civilización avanzada e inteligente, de pronto llegara a la Tierra, seguro que la explicación desbordaría con mucho los sketches disparatados de los Hermanos Marx o de Tip y Coll. El pobre extraterrestre seguro que no sería capaz de entender nada y, en el fondo, pensaría que “ahí hay gato encerrado”, o un asunto mágico ultrasecreto e indescifrable con el que los terrícolas intentaban ocultar algún secreto de mayor entidad.

Cualquiera que haya participado en un proceso negociador o de resolución de conflictos (familiares, territoriales, empresariales, laborales o políticos) sabe perfectamente que este tipo de figuras existen y pueden cumplir un papel. Como de hecho ha ocurrido en España en casos de menor o mayor entidad y gravedad –como el de ETA– y de las múltiples ocasiones en las que gobiernos del PP han recurrido a “mediadores”. Algo de mayor entidad que un “relator”.

¿A qué vienen, pues, tantos aspavientos y escándalos? ¿A qué tanta extrañeza por líderes y opinólogos que parece que lo único que quieren es meter cizaña y tensión en la caldera política de España? ¡Menuda tropa!

 

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