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César Pérez Vivas: Ética e intervención

 

La dictadura comunista venezolana grita a los cuatro vientos ser víctima de un golpe de estado imperial. Sus camaradas fuera de nuestro territorio, mil veces subvencionados con el dinero del petróleo, “rechazan el injerencismo” en la vida de nuestros pueblos, y solicitan se respete “el principio de autodeterminación”.

La verdad es que los venezolanos no hemos podido ejercer nuestra autodeterminación, porque la camarilla roja ha confiscado la democracia, ha cerrado a base de fraudes y violencia, la solución electoral y ha declarado mil y una vez, que jamás cederán el poder. Nos lo han gritado de mil formas, con ocasión y sin ella. La revolución es para siempre. Es eterna. Es más eterna que las antiguas monarquías.

Pero no solo nos han impuesto su régimen político, sino nos han llevado a la miseria, han fracturado la convivencia civilizada, la tolerancia y el respeto entre los ciudadanos.

La miseria y la violencia han aventado de nuestro territorio, millones de seres humanos, alterando la vida de las naciones del continente.

Ante el justificado reclamo de nuestros vecinos, la soberbia respuesta de Maduro y su camarilla es la negación y el insulto.

La comunidad internacional está obligada a levantar su voz y a tomar medidas para lograr que nuestro país regrese al cauce de la democracia y la normalidad. No pueden ser indiferentes. Ya por mucho tiempo no le dieron atención a nuestra tragedia. Por años, nuestra denuncia de la destrucción democrática y de violación de los derechos humanos no se creía. El régimen chavista con su su dinero, sus mentiras y su manipulación inhibían a buena parte de la comunidad internacional. Llegó un momento en que la dictadura fue quedando en evidencia y ya no pudo seguir engañando a más nadie. Solo los ciegos fanáticos o los que tienen su opinión hipotecada, tratan de mantener su respaldo al régimen más vergonzoso del continente.

Todos deseamos que la camarilla roja abandone el poder sin causar males mayores a nuestra nación. Todos deseamos que la rebelión pacífica y popular interna, y la acción política y diplomática de la comunidad internacional los lleve a cesar en su vulgar usurpación del poder.

Pero los voceros de la barbarie roja repiten sin cesar el libreto: “rechazamos el injerencismo”. “Los americanos quieren nuestro petróleo”. “Trump dirige un golpe de estado”, y pare de contar las frases del discurso justificador de la dictadura.

Hasta el expresidente uruguayo Pepe Mujica, ha reconocido que el chavismo metió al imperio chino en nuestra geopolítica al entregarles buena parte de nuestra actividad petrolera. Es decir que el discurso de “la soberanía petrolera” es igualmente falso y acomodaticio. Durante el siglo XX los Estados Unidos y otros países del mundo compraron y pagaron nuestro petróleo, trabajaron en nuestro país, sin tener que invadir nuestro territorio.

La propaganda del régimen busca desmovilizar a un sector de nuestro pueblo con el discurso de que la oposición democrática sólo desea la invasión norte americana.

Hay que ser claro, lo que buscamos es el fin de la dictadura. Es la recuperación de la liberad, de la democracia. Somos un pueblo secuestrando por una camarilla criminal, que ha usurpado el poder de nuestro pueblo.

De modo que la lucha por nuestra libertad es un derecho incuestionable.

Es ética y moralmente sostenible nuestro derecho a la libertad, a la democracia, al bienestar.

La comunidad internacional no puede ser indiferente. Por eso celebráramos y agradecemos la solidaridad y el respaldo de los países del mundo que han reconocido la legitimada de la Asamblea Nacional, la de su presidente, diputado Juan Guaido, como presidente interino y legal de La República, y, por consiguiente, reconocen la naturaleza usurpadora y arbitraria de Nicolas Maduro, como pretendido presidente.

Maduro no puede burlarse de la nación venezolana, ni de la comunidad internacional. Tengo la convicción de que la camarilla roja, no cederá a la presión legitima. Esa cúpula solo entiende la vía de la fuerza.

Si el conjunto de medias hasta ahora adoptadas no lo llevan a ceder en su absurdo empeño de perpetuarse en el poder, si no es posible una negociación que rescate la democracia para nuestro pueblo, quedará legitimada el uso de la fuerza.

En nombre de “la no intervención”, no se puede permitir que un régimen criminal mantenga secuestrando y privado de sus derechos a todo un pueblo.

Acá entonces se impone “el deber de injerencia humanitaria” magistralmente formulado por San Juan Pablo II durante su pontificando.

Frente a un régimen criminal, que cierra todas las fórmulas, gestiones y misiones destinadas a buscar una solución política y pacífica, la comunidad internacional no tiene otro camino que el uso de la fuerza. En nuestro caso existen suficientes elementos para demostrar la tramitación de los recursos jurídicos, políticos, diplomáticos ante los los organismos internacionales, denunciando la violación de los tratados y acuerdos que obligan al estado a ajustar su conducta a un conjunto de normas ordenadoras del comportamiento de los estados. Hay evidencias suficientes para demostrar como a lo largo de años han venido desoyendo y obstruyendo la acción de todos esas instituciones e instrumentos, hasta el punto de ofrecer como respuesta la denuncia de tratados internacionales o el retiro de nuestro país de dichos organismos o mecanismos de control.

Obviamente se presenta el dilema moral respecto a lo nefasto de una intervención internacional sobre nuestro territorio. Somos conscientes, la mayoría de los venezolanos, de las graves secuelas que ese tipo de acciones generan en la vida de una sociedad. La situación ha llegado a un nivel tal, que a nuestra gente no le están dejando otra opción que clamar la libertad. En consecuencia, no será, en el caso de que ello ocurriera, una invasión, sino una operación de liberación de una nación oprimida y sometida con las armas, que deberían haber sido utilizadas para garantizar sus derechos fundamentales.

 

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