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Luis Vicente León: ¿Punto de quiebre?

 

¿Puede la revolución chavista, que controla en efecto el poder y las armas en todo el territorio nacional, rechazar empíricamente, más allá de los discursos y los calificativos, la ayuda humanitaria que la comunidad internacional y específicamente Estados Unidos ha decido enviar a Venezuela de cualquier manera posible, sin el consentimiento de Nicolás Maduro pero sí con la invitación de Juan Guaidó, a quien reconocen como presidente legítimo, aunque éste no domine el territorio nacional?

Es obvio que la población venezolana tiene necesidades inmensas de ayuda humanitaria, viviendo en este momento la peor crisis económica del país en su era republicana, producto, por cierto, del modelo primitivo de controles e intervencionismo del gobierno y el peor desenvolvimiento económico de la historia de cualquier gobierno en el país, y que para completar ahora podría escalar dramáticamente a mucho peor como consecuencia directa de las sanciones petroleras, que son un embargo de facto, y el aislamiento internacional con el que se castiga a la administración Maduro para buscar su salida del poder y la solución de la crisis que embarga al país.

Pero el tema de la ayuda humanitaria ya no es solo un asunto de ayuda social sino preponderantemente político y puede convertirse en un punto de quiebre con respecto al status quo. Veámoslo de esta manera Si el gobierno norteamericano decide avanzar hacia el territorio venezolano por sus fronteras, con ayuda de los gobiernos de Colombia y Brasil, sin autorización de la administración de Maduro, pero con la autorización de Guaidó, las opciones de respuesta de la revolución se parecen a las que tenía Maduro frente a su decisión errada de expulsar a los diplomáticos norteamericanos en Caracas. Si al final del periodo de setenta y dos horas otorgado para retirarse del país, éstos se quedaban en el territorio nacional, desobedeciendo la expulsión y retando públicamente el poder de Maduro, podía decidir expulsarlos del país por la fuerza y asumir las consecuencias de lo que EEUU consideraría un acto de guerra o hacerse el loco, buscando excusas para alargar el tiempo y permitir que se quedaran, sin poder evitarlo y perdiendo espacios de poder, pero evitando el conflicto que no podía ganar, lo que fue su decisión final. En este caso, el tema no es distinto. Si Maduro ordenara atacar o detener activamente los envíos de ayuda humanitaria, trasladados por funcionarios extranjeros en territorio venezolano, sería asumido por EEUU como un acto hostil de quienes consideran un régimen de facto contra una ayuda solicitada por quienes consideran el gobierno legítimo. Sería una causal para ellos de intervención militar, que pondría el juego en otra dimensión. La estrategia aquí también puede buscar un “momentum” en el que los militares no acepten una orden de repeler los grupos de ayuda, provocando la implosión. Si por otra parte Maduro permite la entrada, con alguna excusa que intente desviar el tema de su verdadero significado, estaría igual reconociendo su debilidad y permitiendo además la entrada de apoyo externo (incluyendo personas) que podría ser muy útil a su enemigo en un eventual conflicto futuro. Un dilema nada fácil para Maduro, aunque ya supo surfear el de la embajada y podría negociar la ayuda humanitaria, pero distribuida internamente por organizaciones de cooperación internacional no controladas por Estados Unidos. Pero incluso en ese escenario, aunque no cumpliría el cometido teórico de sus ejecutores, la estrategia de sus adversarios seguiría su curso: retar el poder de Maduro dentro del país y ponerlo cada vez más cerca de momentos de quiebre y de reconocimientos propios de debilidad. Algo que nunca es bueno para el poder retado.

luisvleon@gmail.com

 

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