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Gloria Cuenca: La hora de los jóvenes

 

Ser de la tercera edad, eufemismo, para no llamarnos viejos o ancianos, no es para nada fácil. Sin embargo, la alternativa, es mucho peor: morirnos. Así es la vida. Lo demás son pequeñas triquiñuelas, o grandes, para superar este proceso vital.

Terrible para ateos y agnósticos, según mi opinión. Comprensible y tolerable para quienes somos creyentes. Son dos maneras de mirar la vida de forma muy diferente. Con sentimientos y consecuencias absolutamente disímiles. Dijo Ruben Darío, el poeta: “Juventud divino tesoro, que te vas para no volver, cuando quiero llorar no lloro y a veces lloro, sin querer”.

En efecto, tener juventud implica tenerlo todo: esperanza, ilusiones, energía, entrega, Fe y por encima de todo la confianza de que, viviremos mucho para alcanzar nuestros sueños.

Esto puede ser cierto o falso. Cada una-o tiene por delante su propia vida, los desafíos y retos que enfrenta, toca resolverlos con eficacia y celeridad. La vida es un soplo– un lugar común-pero, ¡cómo es cierto! Pasaron los años y enfrentamos realidades, de las que sabemos mucho o poco; tenemos experiencia, en oportunidades, valiosa, y muchas veces inútil; tenemos que aprender a dejar a los jóvenes que crezcan, eso implica equivocarse también.

¿No nos equivocamos nosotros? Muchas veces, por cierto. Cometimos errores garrafales. Evidentemente, algunos más que otros. (Yo, por ejemplo). Con la inmensa suerte de darme cuenta, construir una nueva vida, cumplir metas, encontrar gente demócrata que me enseñó el camino correcto y se me perdonaron irreverencias y locuras juveniles.

Hay quienes se sienten jueces, constantemente de los demás. Esa es otra actitud negativa. Quienes hemos vivido tanto, sabemos de lo compleja y difícil que puede ser la existencia. Hubo quien se paralizó y no hizo nada, para no equivocarse: ni éxito, ni fracaso, solo quietud. Ese es un reto, actuar para triunfar o fracasar. La edad nos hace comprender que muchas veces, las circunstancias -desconocidas, en oportunidades-son la causa de los disparates o errores que cometemos. Los jóvenes venezolanos de hoy son extraordinarios, saben, valoran la trascendencia de la democracia. Luchan con honestidad, responsabilidad y rectitud. Comodidades, libertad, estudios: han sido puestos en pausa, les gusta decir a los chamos. Siempre hay una semilla mala entre las maravillas, de todos modos son mayoría los ejemplares. ¡Confiemos plenamente en ellos, es su hora!

 

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