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Manuel Taibo: Se necesita una nueva mentalidad

 

Están convencidos, y no lo ocultan, de que sólo en base a las amenazas, a la fuerza y a la constante posibilidad de usar esa fuerza se puede mantener el diálogo y las relaciones con los demás. ¿Qué actitud adoptaríamos nosotros ente una persona así, de encontrárnosla en la calle? ¡¿Por qué, entonces, las normas que desde siempre se han reconocido como un salvajismo, cuando se trata de relaciones entre personas, siguen siendo catalogadas —por individuos, al parecer, muy ilustrados— como canon casi natural al tratarse de relaciones entre Estados?!

Imposible comulgar con tales criterios. Nos recuerdan los tiempos en que las armas se inventaban, perfeccionaban y utilizaban para conquistar a otros pueblos (siglo XVI) y obligarlos a trabajar para el conquistador, o simplemente para saquear a esos pueblos. Ese pasado no es un argumento, ni mucho menos un esquema a imitar en el futuro. Es muchísimo lo que sabe y puede hacer el hombre del siglo XXI. De ahí que deba comprender la necesidad de desmilitarizar el mundo. Tenemos fe en que un mundo así es posible, y haremos cuanto de nosotros depende para asegurar el éxito de esa obra de la sociedad, probablemente la mayor de todas.

La agresión informativa que ciertos países practican no sólo conduce a la degradación espiritual, también estorba el trato normal entre pueblos de distintos países y entorpece el mutuo enriquecimiento de las culturas, originando animadversión y enajenación en las relaciones entre los pueblos. Mientras tanto, es obvio que un pueblo que conoce y aprecia la cultura y el arte de otras naciones no puede sentir animosidad contra éstas.

Se diría que el tiempo se condensa a medida que crece la amenaza de una invasión de Venezuela, así como por la brusca exacerbación de los problemas regionales. Es inadmisible malgastar el tiempo, intentando vencer y lograr ventajas unilaterales. La apuesta es demasiado grande: se trata de la supervivencia del pueblo. Por eso se impone la imperiosa necesidad de considerar el factor crítico del tiempo.

La justa solución política de los conflictos regionales también deriva de la lógica de un mundo íntegro y lleno de interdependencias, por otra parte, exige dar solución a los demás problemas: alimentación, energía, alfabetización, educación y sanidad.

El caso es que el desarrollo de este proceso ha dejado atrás la capacidad de ciertos políticos para comprender y asumir los cambios irreversibles. Todavía hay quienes conciben el mundo como su coto privado y extienden arbitrariamente sus “intereses vitales” a otros distintos países.

La solución está en reducir y suprimir el desfase entre la adelantada marcha del acontecer y la toma de conciencia de las realidades, la compresión de lo que está ocurriendo y lo que de ello se puede derivar. Y eso hay que hacerlo antes de que sea tarde. ¿Adónde conduce conservar tales visiones? Pues, al incremento de la conflictividad regional.

¡La Lucha sigue!

 

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