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Oscar Fuenmayor: Tic, tac… Tic, tac

 

Muy tarde ya en la madrugada,  luego  de aquel emotivo  23 de enero, se hallaba Juancho en su habitación dándole vueltas a todo lo acontecido  ese día. Fabi dormía profundamente, explicable por la ingesta de caviar y otras exquisiteces de la cena que compartieron con amigos muy selectos en la embajada de EU,  para celebrar la auto coronación made in USA. Ese día las cosas salieron como las había previsto el Gran Amo del norte, quien había ordenado que Juanchito se alzara con el coroto, que él lo apoyaba. Estaba un poco desvelado, pero contento.

Caminaba por la habitación para relajarse; pensaba:

“Tengo que meditar bien todo este peo y no dormirse en los laureles, sobre todo en el cachi peludo asunto  de la ayuda humanitaria, podría desencadenarse muchas muertes y las culpas también caerían sobre mí… “.

En la inmensa quietud de la noche, le pareció sentir como una cierta perturbación que iba y venía constantemente y que no pudo precisar de dónde.  Revisó bajo la cama y nada; nada en las gavetas, en el closet; nada en el celular, que aun en la intimidad de  la habitación dejaba encendido por si llamaba «copete loco», como cariñosamente llamaba a Donald, su Maestro espiritual. “Ese coño es capaz de llamar a cualquier hora”, no me respeta ni a la hora de… “─pensó.  La búsqueda resultó infructuosa y optó por despertar a Fabi.

─ Fabi, Fabi… ─Llamó suavemente a su compañera

─Otra vez no, Juancho, mañana…; vamos a dormir…

─ Fabi, levántate, está pasando algo ─insistió ─parece que es el FAES otra vez ─Le murmuró al oído, aunque fuera nada más para que se espabilara.

Fabi emergió del quinto sueño en el que era una princesa venida del norte, todavía  bastante amodorrada, y le echó los brazos al cuello.

─Mi “Presi interino”, my amor, ¿qué pasa?

─Hay un extraño ruido en el cuarto, mi primera dama, y no sé qué coño es…

─Está bien, vamos a ver ─dijo Fabi asumiendo la gravedad de la situación.

Y se pusieron juntos a escudriñar el silencio. Ciertamente, si se prestaba atención, podía escucharse algo como medio raro.

─ ¿Sabes de dónde viene? ─Pregunto Juancho algo nervioso ─Parece que viniera de todas partes.

─Esta vaina está rara, Juancho, ¿Será de  tu reloj pulsera Rolex que te regaló  Mike Pompeo? yo oigo algo así como un  tic tac, tic tac…

─No, no es de mi costoso reloj de oligarca como el de Maduro, para bien la oreja… Yo también oigo eso, y  a veces también como unos tambores… tum…tum…

Del pesado silencio podía percibirse  algo como una pulsación, un rítmico tic tac y, en seguida, como tambores de guerra; otra vez el tic, tac seguido por  llantos de niños y de mujeres violadas;… tic, tac  y como un  clamor de tierra arrasada…

─Esto da miedo, Juancho ─murmuró Fabi ─Vamos a revisar la casa.

Mientras examinaban la casa el misterioso fenómeno los seguía; si estaban en el corredor, ahí estaba lo que fuera aquello, aquella cosa misteriosa era como la voz de la conciencia, para quienes todavía la tienen.

Así llegaron a la cocina.

─Estoy un poco ansioso, Fabi, ¿nos comemos el  pernilito que me regaló Diosdado en la conversación secreta?

─ ¿A esta hora, Juancho? Debes controlar la ansiedad, te vas a poner como Maduro; si quieres seguir pareciéndote a Obama tienes que controlar ese pico.

─Pero bueno Fabi, ¡más respeto! Yo soy el Obama latino, por mí se cumplirá por fin el decreto…

─Disculpa, Juancho, es que yo también me estoy poniendo muy nerviosa por ese ruidito, creo que la cosa es contigo,  ¿Qué piensas que sea eso?

─No se, mejor nos vamos a dormir a la Embajada, por si acaso…

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