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Alfredo Salgado: La paz de Caín

 

Caín odiaba a su hermano Abel, porque este hacía las cosas de un modo correcto, de acuerdo con las instrucciones recibidas. Le tenía envidia y despreciaba la retribución que por hacer las cosas bien, recibía Abel.

Ese odio en el alma de Caín, le quitaba la paz, lo mantenía en tensión. Un día invitó a su hermano a pasear, lo engañó, y movido por sus sentimientos alterados, por no soportar que Abel hacía las cosas bien, lo asesinó. Cuando Dios le preguntó por su hermano, Cain respondió altaneramente: ¡Acaso soy yo guarda de mi hermano!

El verdadero problema de Caín, no era su hermano asesinado. Su problema era su naturaleza. Peor aún, luego de asesinar a su hermano, la paz no llegó a su alma, y terminó pidiéndole cacao a Dios: ¡Si Tú me echas de aquí, cualquiera que me encuentre me matará!

La revolución bolivariana tiene una naturaleza cainita: la ha movido el odio a aquellos hermanos venezolanos que han hecho las cosas bien, de ahí su rechazo a los méritos personales; es una revolución transgresora de toda norma, de toda ley, ha creído y creado su propia ley, las respuestas dadas ante las exigencias de responsabilidades, ha sido la altanería, la insolencia, la desmesura. Y como todo movimiento cainita, el saldo que deja es el de millares de hermanos asesinados, desplazados, humillados, afrentados, degradados.

Hemos llegado a un trance en el que los cabecillas de la Revolución Cainita en Venezuela, deben dar cuenta a la historia, a la vida y a Dios, del modo como han dilapidado la más asombrosa oportunidad que movimiento y nación alguna haya tenido durante 20 largos años. Y como todo altanero, transgresor, insolente y asesino, en este trance, piden clemencia y comprensión.

Ese pedido de clemencia por parte de las huestes cainitas de Maduro y Diosdado Cabello, de los Castro, se ve en la solicitud de diálogos e intermediaciones y en sus llamados por la paz.

Estos propulsores de esta Paz de Caín, como por ejemplo desde Roma, el señor Bergoglio, piadoso en su temor por derramamientos de sangre en Venezuela, desdeñan que desde la llegada de la Revolución Cainita a Venezuela, se ha derramado la sangre de varios cientos de miles de venezolanos. Solamente durante 2017, 140 jóvenes tiñeron de púrpura las calles de Venezuela a manos de la GNB. Tal vez no sea el derramamiento de esa sangre lo que produzca temor.

Pero peor aún, uno nota movimientos velados desde las filas de alguna oposición, o de países que apoyan las luchas democráticas de los ciudadanos venezolanos, el mismo ingenuo e insulso llamado a la paz, el diálogo y la reconciliación entre los venezolanos. Solo hay que aclararles algo: los venezolanos estamos muy reconciliados y de acuerdo. Nuestro desacuerdo irreconciliable, es con los cabecillas del Régimen Cainita: con ellos a la cabeza no serán posible la paz ni la justicia en nuestro país.

Partidos tradicionales y liderazgos oxidados, en sus mezquinos intereses, buscan la paz con el chavismo. Una paz imposible porque el problema del chavismo es su naturaleza, y tal vez estos partidos y liderazgos no lo han entendido así o tienen intereses y asociaciones muy poderosas que los lleva a ignorar esa naturaleza. ¿Cuántos de ellos no verán con más simpatía a Rafael Ramírez de candidato y eventual presidente, antes que a María Corina Machado?

Está en operación por parte de estos apaciguadores, y hay que denunciarlo y oponernos con todas nuestras fuerzas, un plan de reoxigenar al chavismo, tomando como argumento la necesidad de que haya paz, la promoción del diálogo, el rechazo a la intervención extranjera y una solución política a la crisis venezolana. Por eso algunos buscan chantajear al Presidente Guaidó, para que en 30 días convoque a elecciones.

Ante ese bastardo intento hay que puntualizar lo siguiente:

*Con el Régimen Cainita, es imposible que haya paz, a menos que sea la paz de Caín;

*Lo único que hay que dialogar con ellos, es su plan de salida del poder;

*Rechazamos con todas nuestras fuerzas, la intervención cubana, rusa, islamista, de la guerrilla colombiana, del narcotráfico internacional y del malandraje autóctono. Dada la debilidad de los ciudadanos venezolanos, que tenemos como únicas armas nuestras piernas para marchar y nuestras gargantas para clamar por justicia, apelamos a la ayuda humanitaria internacional;

*Nuestra arma política más eficaz, más racional, la que garantiza el menor costo posible, es la asistencia internacional. Esa es la solución política en la que creemos.

De manera que a los ciudadanos venezolanos, lo menos que nos conviene son el diálogo, los acuerdos y la paz con Caín. La única paz posible es la salida de las huestes cainitas del poder.

Es bueno que lo tengan claro la comunidad internacional, el gobierno y los ayudadores del chavismo, que apresurados corren a darle respiración boca a boca a quienes a la luz de todo el mundo y con la mayor insolencia, han tiranizado a los venezolanos los últimos veinte años.

 

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