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Johnny Galue: La unidad no vendrá por prodigios divinos

 

Sino por efectos sensibles y esfuerzos bien dirigidos

Nosotros la unidad es la que falta para completar la obra de la regeneración

(La que no vendrá  por prodigios divinos, sino por efectos sensibles y esfuerzos bien dirigidos)

Más allá de toda consideración moral, la capacidad de fingir supone una habilidad intelectual, por tanto, un innegable logro, en el plano evolutivo como histórico en la Venezuela de hoy, logrado por la inteligencia cubana. Cuando los eventos no están asegurados, cuando el estado de las circunstancias es débil y cuando las empresas son remotas, todos los hombres vacilan, las opiniones se dividen, las pasiones las agitan y los enemigos las animan para triunfar por este fácil medio.

En mi opinión es imposible responder a la cantidad de  preguntas que me hacen, sobre esta incertidumbre que hoy nos confunde, por lo que me he sentido honrado. Ni el mismo barón de Humboldt, en su época con su universalidad de conocimientos teóricos y prácticos, habría respondido con exactitud, porque aunque una parte de las estadísticas conocidas, me atrevo a asegurar, que estás están cubiertas de tinieblas, por lo que sólo se pueden ofrecer conjeturas más o menos aproximadas, sobre todo en lo relativo a la suerte futura y a los verdaderos proyectos de los venezolanos. Pues todas las combinaciones suministradas por la historia del País como de este continente, a través de los cálculos políticos, no se encuentran ideas, sino simples expresiones de las aspiraciones de una sociedad.

Podemos deducir, solo consecuencias, todos absolutamente todos, lidiamos por salir de esta realidad, donde algunos seremos tan infelices, que una democracia de libertades no será fácil de consolidar, ni con un solo vinculo que ligue sus partes entre sí y con el todo, porque agitaciones remotas, situaciones diversas, intereses opuestos, caracteres desemejantes, dividen al País.

Ante otra esperanza, donde el meritorio delirio de reunir a los más capaces, e intérpretes pudiera decidir la suerte y de los intereses del País. Pienso que este comienzo, puede producir resultados generales, sobre todo en esta época. Pero no es el héroe, el gran profeta, o Dios del Himalaya, el que es capaz de operar los prodigiosos beneficios, que se aspiran. Este personaje es apenas conocido y no ventajosamente. Sólo pocos se ocupan cuidadosamente en investigar sus orígenes, sus argumentos y el término de su carrera.

Felizmente los directores del otro sector, se han aprovechado del fanatismo con el mejor acierto, con el entusiasmo político que ha formado una mezcla, con las aspiraciones de cambio en el País,  produciendo un fervor vehemente por las aspiraciones de libertades y derechos.

Seguramente la unidad es la que nos falta para completar la obra de nuestra regeneración, en los actuales momentos en que ha  sucumbido el país y los venezolanos a sus más bajos instintos. Sin embargo, nuestra división no es extraña, porque tal es el distintivo generalmente entre los sectores. Unos son, por lo común, más numerosos, porque la costumbre produce el efecto de la obediencia a los mandos establecidas y los otros son siempre menos numerosos, aunque más vehementes e ilustrados. De este modo la masa física se equilibra con la fuerza moral, y la contienda se prolonga siendo sus resultados muy inciertos. Por fortuna, entre nosotros pareciera, que la masa comenzó ha seguir a la inteligencia.

Verdaderamente, lo que puede ponernos en actitud de expulsar a estos desadaptados sociales y de restablecer el orden, es la unión, la que no vendrá  por prodigios divinos, sino por efectos sensibles y esfuerzos bien dirigidos. El País, está encontrado entre sí, porque se halla abandonado, aislado en medio de esta realidad y combatido por estos desadaptados que posee más elementos para la guerra que cuantos nosotros sigilosamente podemos adquirir.

Luego que seamos fuertes, bajo los auspicios de una nación generosa que nos preste su protección, se nos verá cultivar las virtudes y los talentos que conducen a la gloria, entonces seguiremos la marcha majestuosa hacia las grandes prosperidades a que está destinada Venezuela. Para tener el Honor, que todos lo ratifiquen o desechen, según su mérito.

 

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