Inicio > El pizarrón de Fran > El pizarrón Noticias > Donald Trump condena la brutalidad del régimen de Nicolás Maduro en Venezuela

Donald Trump condena la brutalidad del régimen de Nicolás Maduro en Venezuela

 

“Estamos del lado del pueblo venezolano en su noble lucha por la libertad”, ha declarado el presidente Donald Trump durante el discurso anual del Estado de la Unión. A continuación, el mandatario ha repetido lo que su Administración lleva recalcando desde que reconociera al presidente interino, Juan Guaidó: “Condenamos la brutalidad del régimen de Maduro”. Desde que comenzó la crisis en Venezuela, la Administración de Trump ha llamado una y otra vez a Nicolás Maduro a dejar el poder, advirtiendo que “todas las opciones están sobre la mesa” para restaurar la democracia en Venezuela.

Trump ha declarado que han sido “las políticas socialistas” impuestas por la dictadura bolivariana las que han convertido a la nación venezolana, que era una de las más ricas de Sudamérica, en “un estado de pobreza y desesperación abyecta”.

Muchos legisladores de ambos colores del espectro político que asistían al discurso en la Cámara de Representantes se pusieron de pie al escuchar a Trump mencionar su reconocimiento a Juan Guaidó. Recordando que hace dos semanas Washington fue la primera capital en reconocer oficialmente al “gobierno legítimo de Venezuela”, Trump ha utilizado el régimen de Maduro para referirse a quienes él considera socialistas radicales dentro de la política estadounidense (entre los rostros más reconocidos están Bernie Sanders o Elizabeth Warren).

“Aquí, en Estados Unidos, estamos alarmados por las llamadas a adoptar el socialismo en nuestro país”, ha anunciado el mandatario, agrandado su discurso por los abucheos contra esa ideología. Venezuela está sumergida en la peor crisis económica de su historia moderna, que ha provocado el éxodo de cerca de tres millones de personas desde 2015.

“América se fundó sobre la libertad y la independencia, no sobre la coerción gubernamental, la dominación y el control”, ha proseguido. El magnate ha declarado que los americanos nacen libres y siempre serán libres. “Esta noche, renovamos nuestra decisión de que Estados Unidos jamás será un país socialista”.

Entre los invitados al discurso presidencial se encontraba Carlos Vecchio, encargado de negocios ante Estados Unidos del autoproclamado presidente interino de Venezuela. Vecchio fue oficialmente invitado por el senador estadounidense Marco Rubio, quien ha tenido un papel influyente en la política de Washington hacia Caracas y en el reconocimiento de Guaidó como mandatario legítimo. El Gobierno de Trump está asfixiando a Maduro económica y diplomáticamente, imponiendo sanciones económicas a su círculo íntimo y dictaminando que los activos venezolanos en el sistema bancario estadounidense provinientes del petróleo pertenecen a la Asamblea Nacional, elegida democráticamente en 2015 y controlada por la oposición al régimen, y no a la Constituyente de Maduro.

Donald Trump llama a cerrar heridas pero insiste en la mano dura contra la inmigración

“El muro adecuado nunca se construyó. Lo haré yo”, afirma el presidente, y ataca la “ridícula investigación partidista” sobre la trama rusa en su segundo discurso sobre el Estado de la Unión

La situación política ha cambiado en Estados Unidos, pero Donald Trump sigue fiel al trumpismo. El presidente lo demostró esta noche en el discurso del Estado de la Unión, el primero que pronuncia con la Cámara de Representantes controlada por la oposición demócrata. Después de dos años de crispada presidencia, el republicano empleó buena parte de su discurso en hacer llamamientos a la unidad y a la cooperación. Propuso cerrar heridas. Apeló a la grandeza del país. Y al mismo tiempo, vinculó la inmigración irregular con los asesinatos, insistió en que construirá el polémico muro en la frontera con México y reclamó el fin la investigación de la trama rusa, que afecta a su círculo, tachándola de “ridícula y partidista”. Una hora y 22 minutos de comparecencia mostraron que la gran fractura permanece.

Trump parece el mismo que hace un año —el mismo que hace dos, incluso, en su primer discurso— y muchas de las ideas esgrimidas esta noche habían retumbado ya en el Capitolio y en la Casa Blanca con anterioridad. Lo que le rodea, sin embargo, ha cambiado. Nada como la imagen de la demócrata Nancy Pelosi, mazo en mano, al frente de la sesión, como presidenta de la Cámara que es, para reflejar el cambio de tornas en esa parte del Congreso. Los republicanos mantienen el control del Senado, pero desde las elecciones legislativas de noviembre, los progresistas han recuperado la mayoría en la Cámara Baja y eso maniata buena parte de la agenda política trumpista.

“Juntos podemos romper con décadas de bloqueo político. Podemos acabar con viejas divisiones, curar viejas heridas, construir nuevas coaliciones”, afirmó el presidente en el Capitolio. “Debemos rechazar la política de la venganza, la resistencia y la retribución y abrazar el potencial ilimitado de la cooperación, el compromiso, el bien común”, enfatizó en la parte inicial de su discurso. En ese punto, Pelosi, sentada detrás junto al vicepresidente, Mike Pence, se levantó a aplaudir junto a los republicanos -otros demócratas la siguieron-, estirando los brazos hacia el mandatario, como quien señala con la punta del dedo.

El magnate neoyorquino emplazó a sus rivales políticos a impulsar legislaciones relativas a la inversión en infraestructuras o a la lucha contra el VIH. Pero también a dar luz verde a uno de los elementos más polémicos en la política actual, como la espiral arancelaria, nuevas restricciones al aborto y la mano dura contra la inmigración irregular. Nada se ha descafeinado en su agenda. “En el pasado, la mayoría de la gente de esta sala estaba a favor de un muro [en referencia a los tramos levantados por anteriores administraciones]. El muro adecuado nunca se construyó. Lo haré yo”, prometió. O se prometió a sí mismo. Porque sin el control de la Cámara baja, no puede aprobar el presupuesto necesario.

La ceremonia, para empezar, se celebró de forma accidentada. El discurso de la Unión, uno de los días grandes de un presidente, tiene lugar cada año a invitación del presidente de la Cámara de Representantes. Pelosi citó al republicano para el 29 de enero, pero como la Administración se hallaba parcialmente cerrada por el pulso sobre el muro le obligó a aplazarlo. Surgió el varias veces muro esta noche. Insistió el mandatario en que la obra es necesaria para combatir una inmigración ilegal que vincula sin contemplaciones con la delincuencia.

Trump saludó en el público a una familia cuyos abuelos octogenarios habían sido asesinados por un inmigrante sin papeles. Los hizo levantarse y recibir una ovación. “Ninguna vida americana debería perderse porque nuestro país fracasó a la hora de controlar su peligrosa frontera”, clamó.

“Ridículas investigaciones partidistas”

El presidente llega este discurso debilitado políticamente y asediado por hasta 17 investigaciones, entre ellas, la de la trama rusa, que busca esclarecer si hubo colusión entre su entorno y el Kremlin para interferir en la campaña electoral de 2016 y favorecer su victoria. Trump reclamó el fin de las “ridículas investigaciones partidistas”, la cuales, señaló, pueden llevar al traste la buena marcha de la economía.

El público que le escuchaba reflejaba bien la atmósfera fracturada del país. Los aplausos de los republicanos se mezclaban con los rostros escépticos de los demócratas, sobre todo los de la nueva hornada de legisladores, más jóvenes y más reacios a los protocolos. Era una noche cargada de símbolos. Las mujeres demócratas, presentes en números récord en la historia del Capitolio, vestían de blanco en homenaje a las sufragistas estadounidenses.

Y cada invitado era una declaración: si la primera dama, Melania Trump, invitó a un niño que ha sido objeto de acoso escolar (bullying) por apellidarse Trump; la joven demócrata Alexandria Ocasio-Cortez llevó a la activista Ana María Archila, quien se hizo famosa el pasado septiembre por su sonada protesta al senador Jeff Flake en un ascensor, en plena batalla por el nombramiento del conservador Brett Kavanaugh como nuevo juez del Supremo. Si el senador de Florida, Marco Rubio, trajo a Carlos Vecchio, nombrado representante en Washington por Juan Guaidó, a quien EE UU acaba de reconocer como presidente venezolano, en oposición a Nicolás Maduro; la precandidata presidencial Kirsten Gillibrand se acompañó de Blake Dremann, un soldado transgénero condecorado que, si las políticas de Trump siguen adelante, ahora ya no podrá enrolarse en el Ejército.

Nueva cumbre con Corea del Norte

Porque la era Trump, en medio de astracanadas y ruido, ha cambiado muchas cosas en Estados Unidos. Políticas regresivas en materia de aborto y de la comunidad LGTBI se han abierto paso bajo el rodillo republicano en el Congreso, la mayor rebaja de impuestos desde Ronald Reagan ha visto la luz, los compromisos medioambientales de Barack Obama se han liquidado y la política exterior ha dado un giro de 180 grados. Trump ha roto el acuerdo nuclear sobre Irán, ha trasladado la sede de la embajada estadounidense de Tel Aviv a Jerusalén (una provocación) y ha decidido el repliegue de tropas en Siria contra el criterio del Pentágono y de los aliados.

Trump confirmó que los próximos días 27 y 28 de febrero se celebrará una segunda cumbre con el dictador norcoreano Kim Jong-un, para abordar la desnuclearización del país, pese a los escasos avances desde la mantenida en junio pasado en Singapur. Sacó brillo a esas conversaciones, sin embargo. Hiperbólico, llegó a decir: “Si yo no hubiese salido elegido presidente, ahora mismo estaríamos, en mi opinión, en una gran guerra con Corea del Norte, con millones de personas potencialmente muertas”.

El País

 

Te puede interesar
Loading...

Compartir

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Traducción »