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3 errores y una sorpresa que aceleran la derrota de Nicolás Maduro

 

Cuál es el cuadro hoy de la lucha contra Maduro. Un titular de El Mundo de Madrid lo resume de manera precisa: “Guaidó aún no es el poder, pero Maduro ya es la resistencia”. La verdad es que a Maduro ya le cambió el destino. Y como dice Juan Guaidó, el movimiento que encabeza es indetenible. Nicolás Maduro, el Gobierno, los militares, y los miembros del G-7 del poder, cometieron varios errores de entrada en esta etapa del conflicto. Veamos.

Por Juan Carlos Zapata/KonZapata

Maduro subestimó a Juan Guaidó. El poder todo lo subestimó. Lo veían como un blando y lo siguen viendo como un muchacho. Dicen ellos en el Palacio de Miraflores que el mundo es de los duros. Que el poder es de los duros, y ninguno más duro que Hugo Chávez, y en cuanto Nicolas Maduro es hijo de este, entonces también es un duro, y duro es Diosdado Cabello. Aquí está Diosdado, dijo Maduro en medio de las protestas de 2017. Aquí está Diosdado que es un duro de la revolución. Y Cabello se inflaba. A Cabello le gusta ese rol. Ambos son adictos al poder. Y cada uno compite por quién supera al otro en cinismo, crueldad, estridencia, que son las expresiones con las que ascienden a la categoría de duro. Tal vez apostaron a que con un par de amenazas Juan Guaidó iba a recular. Tal vez alguien apuntó puertas adentro del Palacio de Miraflores que ese “muchacho” no representa ningún peligro puesto que, habrán dicho, no hay debate en la Asamblea Nacional en el que haya destacado. Más bien, habrá recordado uno en el Palacio de Miraflores, que se burlaban de Guaidó, lo pitaban e insultaban desde la bancada del PSUV, cuando el PSUV todavía iba a las sesiones, las veces que intervenía en la plenaria. Era un individuo de descarte. Aquí hay que establecer la diferencia. Mientras Maduro y Cabello heredaron un movimiento vigoroso y lo tiraron por la borda, Guaidó recogió un movimiento en ruinas, una oposición desunida, un pueblo en desaliento, sin esperanzas, y a ese movimiento, a ese pueblo, a esa oposición, son a los que Guaidó ha convertido en factor real de cambio. El mismo lo dijo este sábado. Que tiene la absoluta certeza de que el cambio vendrá pronto. Ya Guaidó es cabeza de un proceso en marcha. Indetenible, dice él. Y Maduro y Cabello y el G-7 como un todo lo siguen subestimando. Hace una semana el propio Maduro siguió diciendo, cuando lanzó la propuesta de diálogo, que estaba dispuesto a reunirse con “ese muchacho” con el fin de dialogar. Es la soberbia del poder. La soberbia que les impide reconocer que no hace falta ser estridente, cruel y cínico para ser fuerte y decidido.

Pasaron años hablando de guerra económica. Pasaron años con el discurso de la guerra económica con el que trataban de ocultar la responsabilidad de Maduro y el Gobierno, de los militares y los boliburgueses, en la crisis de Venezuela, que es a la vez todas las crisis del mundo. Pasaron años y tal vez no calcularon que la guerra económica podía llegar en verdad. Porque ahora sí que está aquí. Con las sanciones contra PDVSA y el bloqueo de cuentas y activos en el exterior, y con la advertencia de sanción a los que quieran hacer negocios con el gobierno de Maduro, y las sanciones ya son globales, ya vienen de los Estados Unidos, de Europa, de Canadá. Las medidas provienen, por ejemplo, del Banco de Inglaterra que se niega a entregarle al gobierno de Maduro el oro depositado en sus bóvedas. O medidas del gobierno de España y de empresas de España en el campo militar. O medidas como las tomadas por el gobierno de Iván Duque contra 200 cargos del poder madurista que ya no podrán entrar a Colombia. O los juicios contra los boliburgueses en España y Estados Unidos, que ha tenido como resultado que otros boliburgueses se escondan, y vean limitadas sus operaciones en cualquier parte del mundo. Y en el mismo sentido hay que sumar los anuncios de Guaidó de reclamar la protección de los activos de Venezuela en el exterior para que el poder madurista, dice, no siga robando, no siga saqueando la riqueza de los venezolanos. Pasaron años diciéndole a la gente que la crisis no era culpa de ellos sino de la guerra económica y lo cierto es que ningún plan les funcionó, ningún motor arrancó, ninguna decisión cambiaria fue acertada, ningún asesor entendió, y menos Maduro que tantas veces señaló que se ponía al frente de la operación con el fin de recuperar la economía. Llegaron a prometer que una vez electa la Asamblea Nacional Constituyente, todo iba a ser diferente en materia económica. Y no lo fue. Pues siguieron manipulando con la guerra económica en vez de asumir el viraje, que tiempo de sobra tuvieron para hacerlo y no lo hicieron. Fue así como les estalló la hiperinflación. Y fue así como la producción petrolera se les derrumbó. Y fue así como se convirtieron en padres, autores, señores, amos, responsables y culpables de la crisis humanitaria y el éxodo. Ahora es verdad. Es una realidad que se hará todavía más cruda de continuar el madurismo en el poder. ¿De dónde vendrán los recursos? ¿Cómo hacer caja? ¿Quién les prestará dinero? Por el contrario, Rusia quiere cobrar. China quiere cobrar. Los aliados quieren seguir cobrando. Por ello China habla con la oposición. Por eso Rusia presiona para que paguen en marzo un tramo de la deuda. Por ello inclusive la empresa, Noor Capital, que estaba comprando oro para llevarlo a Emiratos Arabes Unidos, ha desistido de ello hasta que la situación en Venezuela logre estabilizarse, que es como decir: Maduro no es presidente y aun falta para que Juan Guaidó lo sea con todos los rigores de la ley y el cargo.

Con la soberbia que los caracteriza, dijeron: que se vayan. No los queremos. Eso fue antes de que Maduro se juramentara ante el Tribunal Supremo de Justicia. Entonces ya asomaba la amenaza de muchos más países, más allá del Grupo de Lima, que iban a retirar sus embajadores de Caracas. Lo adelantó KonZapata entonces. Ellos respondían a la amenaza con soberbia aunque no se imaginaban que la respuesta iba a ser en la proporción y en la profundidad como se ha dado. Es que no es solo la cantidad de países sino la calidad y al mismo tiempo el discurso de quienes rompen con Maduro y su gobierno. Tirano, llegó a decirle Pedro Sánchez, jefe del gobierno de España. O elecciones o nada, dice España y en esto lo secunda casi toda Europa, que a la juramentación de Maduro no envió embajadores, y con ello habló Europa. El eco del desconocimiento se extiende por el globo. Y ahora sí es el de Maduro un gobierno aislado. Un mandatario ilegítimo al que se le advirtió que el periodo presidencial vencía el 10 de enero de 2019, y que de juramentarse no sería reconocido porque la elección del 20 de mayo de 2018 había sido fraudulenta. Y el asunto no es solo que desconocen a Maduro sino que reconocen a Guaidó en calidad de Presidente encargado o Presidente interino. Pues resulta que si el periodo de Maduro terminaba el 10 de enero, se producía un vacío de poder que Guaidó no ha hecho más que llenarlo y así es como lo entiende la comunidad internacional. Aquí el ex canciller Maduro, y el expresidente Maduro, cometió un error de cálculo. Creyó que el costo político ya estaba descontado. Pero resulta que no es así. Porque un aspecto es que un país no te reconozca y retire su embajador y otra que reconozca a tu enemigo y acepte al embajador de este, y de paso escuche al nuevo líder, y lo atienda en los requerimientos de Estado como la protección de los activos del país. Sabe el gobierno de Maduro, saben los militares, saben los miembros del G-7 que la lucha está planteada hasta el desenlace. Juego limitado el de Maduro que apela a México. A la fuerza tradicional de México en cuanto potencia regional de América Latina, cuyo gobierno, en manos de Andrés Manuel López Obrador, pierde capacidad de maniobra, quedándose solo, también, en una propuesta de diálogo que nadie compra en los términos que la plantea. No calculó Maduro y apostó mal por el costo internacional, sin imaginar que Guaidó también mueve fichas para seguir aislándolo mal. Leamos este resumen de El País de Madrid: “Juan Guaidó ha multiplicado este viernes los esfuerzos para alejar de Nicolás Maduro a sus principales aliados internacionales. El político trata de convencer a Rusia y a China de que les convendría un cambio de Gobierno en Venezuela apelando a su pragmatismo económico. Y mientras Pekín ha admitido contactos con todos, también con el entorno del presidente interino, este ha enviado una carta a los mandatarios de México y Uruguay para que reconsideren su posición neutral. El conflicto, en su opinión, no se puede resolver a través de una negociación”.

La sorpresa es la reacción del pueblo. Lo que se vio este sábado 2 de febrero en las calles de Caracas superó lo visto el 23 de enero. Tanto por la contundencia de las manifestaciones convocadas por Guaidó como por la soledad de la concentración madurista en la avenida Bolívar de Caracas. Lo más notorio del acto de Maduro son los lentes de cristales negros y la sonrisa de Cilia Flores. No se quiere quitar los lentes negros. Los usa a todo evento y en todo acto. ¿No quiere mostrar la expresión de los ojos? ¿Qué es lo que no quiere que le vean en los ojos a Cilia Flores? Ella, rubia, maquillada, transformada, convertida en la nueva Barbie bolivariana. Y Cilia, además, sonríe. Pero sonríe como sonríen los que comienzan a padecer. Y en la tarima sonreía viendo aquella concentración, un pálido recuerdo de los mitines de Hugo Chávez; mitines que llevaron a Diosdado Cabello hasta la conexión erótica, puesto que un día me dijo que cruzar con Chávez la avenida Bolívar llena de gente era como experimentar 4 orgasmos al mismo tiempo. Por comparación, el acto madurista no conducía al estímulo y menos a la erótica del poder sino a la soledad y el padecimiento. De todas maneras, la estridencia de Maduro no podía faltar mientras que más allá, un afónico Juan Guaidó ratificaba la ruta del cambio, y anunciaba en concreto que la ayuda humanitaria estaba en camino y en tal sentido los puntos de acopio que estarían disponibles. Más tarde, el presidente de Colombia ratificaría a Cúcuta como primer centro de acopio. Guaidó hizo el anuncio en la concentración para confirmar que lo que ha venido prometiendo se ha ido cumpliendo. Quiere mostrarse como un líder de palabra y confiable. Y en verdad, la gente la ha comprado el discurso. Pidió pueblo con el propósito de dar el paso de la juramentación, y ha recibido apoyo del pueblo, mucho pueblo como nadie en la historia de Venezuela. Si este despertar fue una sorpresa para la oposición dividida, ha sido más sorpresa para Maduro, el Gobierno, los miembros del G-7 y los militares. La gente le ha comprado a Guaidó dos aspectos fundamentales: Primero, que la lucha es pacífica, que no hay que caer en la provocación de la violencia, y es por ello que las concentraciones han sido más una demostración de mayoría que de encontronazo con los cuerpos de represión. Segundo, que la gente supone y siente que el cambio está cerca y sin embargo, se ajusta al tiempo que impone el líder, que el proceso no es el de la “consigna Maduro vete ya” sino un proceso más lento pero seguro, y de allí que jure con los asistentes de que hay que mantenerse en la calle hasta alcanzar el objetivo. Guaidó cumplió con un propósito que expresaba en los cabildos abiertos celebrados antes del 23 de Enero. Que no había que formarse falsas expectativas las cuales siempre conducen a la frustración. Pero también dijo que Maduro está derrotado.

 

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