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Antonio Pérez Esclarín: La pasión de mandar

 

No puedo entender cómo hay personas que se aferran de tal modo al poder que, para conservarlo,  no vacilan en recurrir a los medios más inhumanos, a pesar  del rechazo   de las mayorías y lo que es peor, sin importarles el sufrimiento que causan.    ¿Tan ciegos están que no ven la miseria, la muerte por hambre o por falta de medicinas, la destrucción del país, el colapso de todos los servicios, la estampida de millones que se marchan por no ver aquí posibilidad de vida? ¿O será  que su corazón está tan endurecido que no les importa el  dolor,  la angustia que están causando  al empeñarse en continuar  unas políticas que nos han llevado al despeñadero? La continuidad en el poder de Maduro no es sólo un problema de ilegitimidad, es sobre todo un problema de falta de humanismo. Si en verdad le importara el sufrimiento de los demás,  hace ya mucho tiempo que habría  renunciado o buscado una salida electoral para que nosotros, el pueblo, el legítimo dueño del poder, decidiéramos   si queremos o no que continúe gobernándonos.

Repito que con mi pobre cabeza y con  mi sensible corazón no puedo entender actitudes de este tipo. Por ello, en un esfuerzo por comprender, recurro a la obra del escritor y médico  español Gregorio Marañón: “El Conde-Duque de Olivares, o la pasión de mandar”. Marañón sostiene que los poderosos se enamoran de tal manera del poder que “la pasión de mandar” los llega a dominar por completo, les nubla la visión objetiva de la realidad y el poder se transforma en adicción. Amontonar más y más poder se convierte en una obsesión, que tiene como primer síntoma la necesidad narcisista de ser visto y  escuchado permanentemente. De ahí  la necesidad de ser  la única voz, que necesita fluir en interminables peroratas y no vacila en encadenar los medios de comunicación para obligar  a todo el mundo a escuchar sus insultos, ocurrencias  y hasta  chistes. La pasión  de mandar  necesita también recurrir a trampas lingüísticas, donde las palabras sólo significan lo que  él decide:  la palabra pueblo nombra solamente a sus   seguidores;  defender la Patria equivale a aceptar sus decisiones y principios, y los que no lo hacen son apátridas..

Como ocupa la mayor parte del tiempo en hablar y no en gobernar, y no  tiene logros   que mostrar, la  mayor parte de sus  palabras son anuncios, promesas, declaraciones  de lo que va a hacer y  del futuro glorioso que nos espera.   Su fantasía principal es lograr un país donde todos los medios de comunicación recojan y divulguen, sin la menor crítica,  todo lo que dice y promete.  Un país donde sólo se escuche su voz. Por ello, necesita  insultar, amenazar,  perseguir y suprimir las voces y conductas disidentes que ve como amenaza a su  poder.

La incapacidad de ver la realidad que ocasiona la pasión de mandar necesita ir  acompañada de ceguera voluntaria o interesada de  sus seguidores. Saben que la menor crítica supondrá su caída,  y el cese de los beneficios que disfrutaba. Hay también otros que la cercanía al poder les  permite  enriquecerse ilícitamente y estos, al permanecer fieles al poder, defienden sus haberes mal habidos, pues saben que la caída del poder no sólo les impediría  seguir disfrutando de los privilegios, sino que podría ocasionar su enjuiciamiento y hasta su condena.

pesclarin@gmail.com

@pesclarin

 

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