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Alirio Pérez Lo Presti: La sombra de la originalidad

 

Trata el artista de desafiar la posibilidad de ser original y abraza la creencia de que está siendo creativo. De ahí la recurrente pregunta: ¿Es posible ser original?

Tal vez lo original es aquello, muy propio, que logramos compartir y “el otro” hace suyo al punto de que deja de ser de quien lo creó. El admirador de cualquier creación es en realidad un descubridor de la misma, al punto de atribuirle una valoración que parte desde una percepción e interpretación personalísima, en muchas ocasiones ajena y hasta contraria a lo que trataba de expresar el autor.

Es consustancial al hecho de estar vivos que nos repitamos una y otra vez, siendo la repetición el sustrato de base de nuestra existencia. Heráclito nos deja como legado, entre otras cosas, la idea de que “no se puede cruzar el mismo río dos veces”. ¿El agua del río ya no es la misma y nosotros tampoco somos los mismos? En ocasiones me place replantearme (trastocar, transgredir, controvertir) a Heráclito y lo tanteo en forma de pregunta: ¿Es una metáfora paradójica que muestra cómo nos repetimos y a la vez no nos repetimos? En realidad hacemos de la vida un lugar común en donde no hay espacio para la originalidad, pero sí para la reproducción de las cosas que creemos inéditas. Nietzsche retoma a Heráclito y formula la malabarista tesis del eterno retorno que deja pasmados a los filósofos de su época, y sigue dando para pensar en los tiempos que siguen corriendo.

Lo inédito es que lo reiterativo se vuelva atractivo. Por ejemplo, cuando amamos nos aferramos a la esperanza de que las cosas cotidianas redunden con el ser amado. Queremos remachar hasta el infinito las mismas conversaciones, los mismos detalles, las mismas ocurrencias. Lo extraordinario está precisamente en que disfrutamos aquello que abrazamos de manera perenne. Como bien lo dice el amigo checo, “amar es el deseo de repetir”.

En ocasiones pareciera que la obra de un artista consolidado es en realidad una sola obra, pero revalidada múltiples veces.

El asunto de la creatividad es tema para tomar y retomar. Arte y repetición terminan siendo casi un mismo concepto. Se reconoce, por ejemplo, que un pintor ha desarrollado una manera de expresión propia cuando refrenda el mismo modo de pintar o propende a pintar de forma similar una determinada cantidad de cuadros. Es así como Armando Reverón o Paul Gauguin, son reconocidos porque llega un punto en el cual todas sus creaciones comparten similitudes. Es lo que llaman “desarrollar un estilo”.

En música sobran ejemplos. Es relativamente fácil saber que se trata de Antonio Vivaldi porque la melodía insiste en mostrarse en todo su esplendor y vitalidad a través de lo que la define como propia, la capacidad de crear una sola atmósfera acústica invariablemente presente en sus distintas representaciones.

La literatura deslumbra cuando aparece un autor que logra crear una manera de escribir tan original como repetitiva. Grandes escritores que se han afanado al representar sus ideas una y múltiples veces, bajo el mismo formato que teje un hilo unificador que hace que la obra sea percibida como una gran totalidad. Como si fuese una sola gran obra. Una faena única, pero calcada con la sagacidad que va de la mano de la genialidad.

Pero donde quizá apriete más la idea del lugar común es en los espacios pequeños que por su naturaleza confinan lo propositivo a un contexto limitado. Tal es el caso del artículo de opinión y sus múltiples aristas. Por una parte está su carácter de naturaleza monótona que condena a quien escribe a solo tocar un tema en concreto, sea porque es su área específica de conocimiento, o porque sea su compromiso o interés el opinar sobre un asunto determinado. Por otro lado están los lectores, que se sentirán de acuerdo o en desacuerdo con lo que se opine, independientemente de que ya tengan un “prejuicio” en relación a lo que el articulista tiene a bien señalar.

Creo que un artículo es bueno si genera opinión, por consiguiente, si induce a las personas que lo lean a tomarse el tiempo para pensar en relación a sus potenciales contenidos. Dicho de otra forma, un artículo es bueno si genera una matriz, ya sea a favor o en contra del mismo y mejor aun si quien lo lee realiza aportes al contenido del texto, logrando enriquecerlo. A fin de cuentas entramos en el terreno de los gustos personales y de las inevitables proyecciones que todo quien se pare ante un texto ha de activar, porque la movilización del mundo psicológico del lector sea en positivo, o en negativo. La neutralidad frente a lo escrito, es la negación de la existencia de aquello que para otros puede tener algún valor.

La originalidad suele sorprender, entendiendo por la misma el darle matices diferentes a todo aquello que inevitablemente va a ser una repetición sin límites de lo mismo, una reinterpretación a lo que ya ha sido interpretado, una reescritura a lo que ya ha sido escrito, una lectura a lo que ya se ha dicho.

@perezlopresti

 

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