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Enrique Meléndez: Brisas de democracia

 

Ya en Venezuela no se hablará de ahora en adelante del 23 de Enero, sino de los 23 de Eneros; puesto que éste, que acaba de pasar, también significará una fecha histórica; con independencia de que esta gente siga todavía en el poder; primero, porque hemos recuperado nuestra democracia, y este hecho se vio en situaciones como que una cabletera restauró un canal de noticias, que el gobierno había vetado; segundo, porque se llevó a cabo la mayor concentración de seres humanos en todos los tiempos.

El pueblo en la calle: he allí lo que se le desbordó al gobierno, y gritando una palabrota; que viene a constituir el mayor insulto prodigado a la venezolana: Maduro co… de tu ma… En otras partes priva más el hijo de pu… Aquí es: Maduro… Lo que significa que el pueblo salió a la calle enfadado; con una arrechera resacada, a propósito de una situación de penuria económica y social, que estamos viviendo.

Alguien lo hizo ver por un mensaje, que llegó por las redes: por primera vez en Venezuela se han juntado la protesta política y la propuesta social; lo que significa que el pueblo sale a la calle porque tiene hambre, y no porque quiere, solamente, que salga mañana mismo Nicolás Maduro; que era el fin de las protestas hasta este momento; comenzando con el 23 de enero de 2002; cuando tuvo lugar la primera gran marcha en ese sentido, que se ha hecho en este país, y que prepara el terreno, para lo que serán los sucesos del abril de ese mismo año.

Incluso, tamaña concentración de seres humanos, tuvo sus momentos de terror; como cuando nos dimos cuenta que teníamos que evacuar determinado sitio, en donde nos encontrábamos, porque no cabía más un alma, y no obstante, seguía llegando muchedumbre de los cuatro costados de Caracas. Todo el mundo quería dirigirse a la tarima; donde Juan Guaidó iba a proceder a asumir la presidencia de Venezuela, y la cual estaba ubicada en la avenida Francisco de Miranda; frente al Centro Comercial Lido, y a pesar de ser una avenida ancha, de ocho canales, ya la gente hacia el mediodía no cabía allí; de modo que tuvimos que ir evacuando el lugar; apechugados, como sardinas en latas, según el dicho; ansiosos por llegar a una de las calles laterales, y respirar; puesto que ni remotamente habíamos podido alcanzar la famosa tarima; temerosos de que alguien se desmayara en esas condiciones o que a uno mismo le fallara la respiración; puesto que los más presionados eran los pulmones, y cuando alcanzamos la calle lateral, no nos llenó de aliento su situación, puesto que allí había también todo un mundo de personas; como un mundo de personas había en la avenida paralela; que sería la Libertador; una avenida asimismo ancha, de ocho canales, pero que para la masa de los seres humanos, que se había dado cita allí, también era insuficiente.

En efecto, los que habíamos ido en grupo nos dispersamos. Ya nadie más supo del otro, hasta que nos volvimos a reencontrar en un sitio fijado; pero por momentos resultó riesgoso salir de esta turba, y que se hubiera convertido en una turbulencia trágica; de haber lanzado algún agente del orden público una bomba lacrimógena; como hasta este momento esta gente acostumbraba con respecto a las movilizaciones de la oposición.

Porque, esa fue la segunda circunstancia, que nos hizo ver, que estábamos en otro país, y que es lo que nos da pie para hacer esa afirmación, de que hemos recuperado nuestra democracia. Yo, que vivo en

Altos Mirandinos, lo primera sorpresa, que tuve, fue que la Panamericana estaba libre de obstáculos. Hasta entonces, era normal ver camiones de las fuerzas armadas atravesados en medio de la vía o una gandola accidentada en el kilómetro cero, e igual sucedía con las otras carreteras, que van a dar a la periferia de la ciudad: un tapón, para no dejar pasar a los manifestantes.

La segunda sorpresa fue que no había un exceso de piquetes de la Guardia Nacional, apostados por toda Caracas; donde te limitaban a manifestar en una especie de círculo cerrado; lo más lejos posible de Miraflores; que no era la intención en este momento, como sí lo fue la famosa marcha, que se convocó el 11 de abril de 2002, y que dio al traste con el gobierno de Hugo Chávez; por unos momentos, diría, sólo que ya ese es harina de otro costal. El hecho es que ninguno de los que evacuábamos el lugar, hasta donde habíamos podido llegar corríamos el peligro de ser víctimas de ese sadismo, que hasta entonces mostraban los efectivos de esos piquetes, y que hubiera ocasionado una estampida trágica.

Que fue la sensación de libertad que sentimos en esas condiciones: no quiero bono, no quiero CLAP, lo que quiero es que te vayas Nicolás. Se oía de la gente; además, de la otra palabrota, que se viene escuchando desde el año pasado; cuando el 24 de diciembre a alguien se le ocurrió guindar por las redes un video, grabado en el sector del 23 de Enero de Caracas, y donde se oía de los bloques al unísono semejante palabrota; una navidad sin hallacas, sin pernil y sin cervezas, y con el perdón de la digresión; pero de ahí es de donde viene esta resaca de arrechera, que se tiene por la precariedad de vida, a la que nos ha condenado este régimen.

Entre tanto, la concentración del oficialismo no llenaba ni media cuadra; a pesar de que cuenta con todos los recursos del Estado, para movilizar gente de todas partes del país; que fue lo que intentó hacer nuevamente; sólo que se trata de una gente; la que se arrastra, que está más pendiente de ir a una tienda; aprovechando que está en Caracas; proveniente del interior del país, o pendiente de otras cosas, y entonces no le presta oído a lo que pueda decir Maduro en sus peroratas desde su tarima respectiva. Incluso, a Diosdado lo dejaron en el terreno, como dice en el béisbol: nadie le fue a la vigilia que convocó para Miraflores.

melendezo.enrique@gmail.com

 

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