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Vladimir Villegas: ¿Qué esperar del 23 de enero?

 

El 23 de enero de 1958 los venezolanos salieron a las calles a celebrar la caída de la dictadura del general Marcos Pérez Jiménez.

Desde entonces en esa fecha la calle ha sido escenario de movilizaciones populares de uno u otro signo, para reivindicar eso que se llamó ” el espíritu del 23 de Enero”, para algunos representados por la amplia unidad de sectores políticos, sociales, gremiales, empresariales  y sindicales que contribuyeron, cada uno desde sus espacios y posiciones, a la caída del régimen militar. Para otros, ese espíritu fue el sustento del Pacto de Punto Fijo, el acuerdo político de mayor alcance y duración en la historia contemporánea.

Lo cierto es que hablar del 23 de Enero es hablar de unidad nacional, de lucha por la democracia y por el respeto a la voluntad de las grandes mayorías nacionales, así como por la plena vigencia de los derechos humanos en su más amplia acepción. Y esas luchas en la Venezuela de hoy están más que vigentes.

Hoy, un amplio y mayoritario sector de la población reclama cambios políticos para poder iniciar el proceso de recuperación de la economía nacional, reactivar y prácticamente revivir el aparato productivo, combatir la pobreza, recuperar la red hospitalaria, detener e incluso revertir la emigración en lo que sea posible la migración de varios millones de venezolanos que buscan escapar del desastre económico y social que hoy padece nuestra patria.

Lo que hemos visto en las asambleas populares de los últimos días es un reflejo de que vamos entrando a un nuevo ciclo político, con nuevos actores, nuevas motivaciones y también nuevas estrategias.

El aparente adormecimiento de la población descontenta que caracterizó al 2018, año en el cual los focos de protesta eran de índole laboral y social más que política, parece haber quedado atrás.

Este 23 de  enero será un día de movilización popular. Algunos sectores y voceros nacionales e internacionales han insistido en que el actual presidente de la Asamblea Nacional, Juan Guaidó, debería asumir o asumirse como mandatario interino. Se lo exigen, lo dan por hecho, le advierten de antemano lo que le viene encima si no lo hace, le ponen plazo, condiciones y casi quieren hacer de él un títere de agendas en las cuales el actual presidente de la Asamblea Nacional sería un peón sacrificable a las primeras de cambio.

Depende de Guaidó finalmente lo que vaya a salir de su verbo el próximo miércoles. En las asambleas denominadas cabildos ha sido asumido como un nuevo líder, el que supuestamente hacía falta para despertar a la masa opositora. Un líder se mide en circunstancias difíciles. Por mucho que griten los managers de tribuna, por mucho coach que le hable será finalmente él quien se pare frente al home para hacerle frente al pitcher.

Pero en todo caso lo que está en juego hoy es el destino de Venezuela más allá de un líder o de un sector del país. Y eso debe tenerse en cuenta a la hora de impulsar una política. Pero en este complicado tablero venezolano no hay un solo actor.

Los rusos también juegan, como dice el dicho. El  gobierno de Nicolás Maduro  está llamando a la calle, a tomar  distintos puntos de la capital. Maduro, al igual que Guaidó, tiene mucha responsabilidad con respecto a lo que pueda ocurrir el día 23 de enero y de ahí en adelante. Maduro no debe  seguir ignorando la realidad y actuar como que si todo marcha sobre rieles y el descontento por el desastre en el cual se encuentra el país es un cuento de camino. En sus manos está facilitar las cosas para que vayamos a un histórico acuerdo político que le ponga fin al conflicto interno. Por el bien del país y por el bien y el futuro de la fuerza política que hoy él lidera.

Y Guaidó también, junto los otros integrantes de la directiva de la Asamblea Nacional y el resto de la conducción opositora, tiene que actuar con responsabilidad, no generar falsas ilusiones sobre soluciones mágicas que son fáciles de prometer y complicadas de cumplir. El historial de errores, en uno u otro sentido, cometidos por las fuerzas opositoras en todos estos años, es un buen referente a la hora de evitar saltos al vacío o caídas en trampa jaulas. Hasta ahora, es justo reconocer, Guaidó ha mantenido el control sobre el guaral del complicado papagayo que tiene en sus manos.

Lo mejor que puede pasar, y ojalá así sea, es que este 23 de enero tengamos una jornada de movilización popular, sin violencia, sin enfrentamientos físicos, sin colectivos agrediendo a opositores, sin extremistas buscando forzar la barra y  provocar a los cuerpos represivos que no aguantan dos pedidas. El extremismo, del lado que sea, juega contra los intereses de las grandes mayorías. Venezuela requiere soluciones políticas urgentes y al menor costo posible. Y eso no lo facilitan  ni el inmediatismo ni su carnal el extremismo ¿O es que ya no se ha pagado un terrible sobre precio?

 

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