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Alfredo Michelena: Guaidó y la capa de Superman

 

El 5 de enero se juramenta Juan Guaidó como presidente de la Asamblea Nacional (AN) venezolana, un joven ingeniero quien fuera dirigente estudiantil y fundador de Voluntad Popular,.  Y vino con dos papeles en la mano. El primero la declaración de los once países del Grupo de Lima que le da “pleno respaldo y reconocimiento a la AN… como órgano constitucional democráticamente electo…”. Y le pide a Maduro que “le transfiera, en forma provisional, el  poder ejecutivo hasta que se realicen nuevas elecciones presidenciales democráticas”. El otro una estrategia para la transición.  Ella se resume en los siguientes puntos: crear un “órgano de Transición para la restitución del orden constitucional, la lucha contra la usurpación y la coordinación de las autoridades legítimas, la sociedad civil y la FAN”; la“… renovación y designación de los poderes usurpados”; la designación de “ representantes legítimos ante instancias y organismos internacionales”; la creación de un  fondo para la recuperación de activos provenientes de la corrupción,”; y la aprobación de“ la agenda legislativa para la transición”. Estos dos últimos puntos han sido avanzados.

Pero mientras  el presidente de la AN presenta un proceso y un mecanismo de transición, que no se cada debajo de la manga sino que ha sido acordado por la mayoría de los partidos  que conforman ese coso,  otros le conminan a asumir la Presidencia de la República ya que existe “un vacío de poder” con base al artículo 233 de la Constitución.  Llegan a decir que sería un cobarde y un colaboracionista sino lo hiciera. Incluso desde el principio el grupo parlamentario 16J votó condicionadamente por él para presidente de la AN y posteriormente se abstuvo de votar a favor de la declaración de Maduro como Usurpador argumentando que la AN no podía asumir las funciones del ejecutivo.

Guaidó ha sido muy prudente y le ha contestado a esos que lo conminan a asumir la primera magistratura, palabras más palabras menos sino tengo apoyo popular real y de las FAN yo no asumo”.  Pero no se ha quedado allí sino que ha comenzado, con parlamentarios la mayoría de los partidos, una movilización popular en forma de Cabildos Abiertos para convocar a los ciudadanos a participar.

Pero la presión sigue. Preclaros juristas le muestran como él tiene todo el derecho, basándose en la Constitución, de ser el nuevo Jefe de Estado. Pero él no quiere lanzarse al vacío. Él sabe que recurrir a la Constitución y las leyes es pertinente en una democracia pero no en una dictadura que por definición no las acata. Al final entiende que estamos en una situación donde lo que vale es la descarnada fuerza que tenga la oposición para quebrar al  régimen y producir el cambio. Y esa hay que construirla. No basta tener la razón hay que tener la fuerza.

Sin prisa pero sin pausas Guaidó se sigue moviendo en la estrategia de construir una transición. Hay que tener en mente que la fuerza que ha acumulado la oposición es una fuerza electoral pero que tiene que transformarse en una fuerza que o, obligue una salida electoral o quiebre al régimen. No basta  con la petición del Grupo de Lima a Maduro  para que  “le transfiera” el poder a la AN y en últimas a Guaidó. Esto no sucederá por voluntad del tirano sino porque no tenga otro remedio.  No basta sentarse en la silla presidencial de Miraflores como nos recuerda el “carmonazo”.

Maduro no está dispuesto a renunciar ni a que lo “renuncien” y se valera de todo tipo de artimañas para evitarlo. Y la mayoría de ellas pasan por la represión directa o indirecta.

El apresamiento de Guaidó por el Servicio Bolivariano de Inteligencia (SEBIN) fue un error del régimen. Hay varias explicaciones de esta acción que terminó en su pronta liberación. Pero una cosa cierta de este bochornoso acto es que quien salió fortalecido fue Guaidó.  Entre otras cosas, el mundo entero se movilizó para apoyarlo y en el país la gente enardecida lo respaldó y los que aún dudaban ahora se prestan para darle un voto de confianza.  Por esto los Cabildos Abiertos que se vienen convocando por todo el país comienzan a sembrar la esperanza y la fuerza que se necesita para enfrentar al régimen.

La fracción opositora del 16J con su ala internacional muy activa en la realidad 2.0 sigue insistiendo en que Guaidó  debe asumir la presidencia.  Mientras cada día más y más gobiernos incluyendo el de EE.UU. aplaude la decisión de “declarar formalmente Maduro como “usurpador”  y transferir responsabilidades ejecutivas a la AN, según los artículos 233, 333 y 350 de la Constitución” como dijo el Secretario de Estado Mike Pompeo.

Lo que no entiende este grupo es que, independientemente de su interpretación del artículo 233 de la Constitución, la banda presidencial que se terciaría Guaidó, no es la capa de Superman que le conferiría algún súper poder para enfrentar al régimen. Ese poder viene de acumular fuerza en la calle para lograr quebrar el régimen, y en especial a su base de sustentación: los militares y en general los aparatos represivos que están capturados por los invasores cubanos.

Por esto hay que apoyar los puntos que plantea la AN: Cese de usurpación, Gobierno de Transición y elecciones libres. Ya tenemos el apoyo internacional, ahora falta reconstruir la fuerza que nos ha permitido llegar hasta aquí. La pelea no es por la aplicación o no de un artículo de la Constitución o por obligar a Guaidó a ser presidente, sino por rescatar la esperanza, reconstruir la fuerza de la oposición y quebrar al régimen.  El primer paso: las movilizaciones del 23 de enero. Nos vemos.

 

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